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El eternauta en mis recuerdos





El eternauta en mis recuerdos




               Los Ellos - "Disco compilado homenaje a El Eternauta"    

(Álbum Completo) - CCL005





Acostumbraba a subir al mandarino del fondo de mi casa con una almohada y un libro y ubicarme sobre una horqueta formada por sus ramas.

Escondida bajo el follaje, llevaba para  leer El eternauta y mis ojos, atrapados por la historia, se volvían los ojos del tiempo, del misterio y de la duda que aun hoy, a mis años, no he logrado dilucidar.

Con ese eternauta en mi pecho que llega de un largo viaje por mis recuerdos, nostálgica y sin pretender ser como Oesterheld ni Solano Lopez ni mucho menos como Juan Salvo, aguardo esperanzada que se abra una ventana por la cual verme, niña aun, deseando encontrar ese túnel por el que viajaría a insólitas aventuras, pero solo veo una larga pared de ladrillos, dos o tres árboles que se agitan con el viento... el alumbrado público... la solitaria calle, y de tanto en tanto el ladrido de algún perro que me vuelve a mi realidad, a mi tiempo,  a Mi Hoy... y al regresar, abruptamente descubro que el tiempo, ese tiempo que tanto me inquieta, que escapa de mis manos esfumándose, alejándose para no regresar, no tiene principio ni tiene final; es eterno, tan eterno como aquel eternauta de mi infancia que vive en mi imaginación y siento tan real…

Aun hoy sigue navegando en todos mis espacios emocionales.







Bienvenidos  

En este video te muestro todos
los rincones de mi blog .
Te invito a recorrerlo juntos.
Me acompañas?









Muchas gracias por tu presencia.








Phobos

The Piano Duet (Danny Elfman)



Phobos





Durmió 20 años de corrido, sin tener ningún movimiento, ningún pensamiento, ninguna experiencia ni emoción que la hicieran vibrar, cuando él apareció insistente y se sentó a sus pies. 

Encendió una hoguera muy débil, pequeñita y tímida, pero cuando ese fuego se hizo mas intenso, ella despertó. 

Sus ojos lo miraban con curiosidad y su piel se calentaba comenzando a sentir un olvidado cosquilleo que le subía desde los dedos de sus pies a su cabeza, mientras el recorría su cuerpo, sin tocarla.. 

Solo su mirada y su respiración cercana la inquietaban... 

En un breve instante de lasitud le dijo

 - Me llevas a la luna?... 

El le tendió las manos, la cargó en su corcel y emprendieron el viaje en una insinuante y prometedora cabalgata estelar durante 7 horas y ella ofrendó toda su confianza y deseos a su caballero de ensueños.

Al llegar la bajó con delicadeza y con la promesa de que allí estarían juntos por toda la eternidad, la apoyo contra las rocas de un acantilado haciéndola sentir acorralada, cercada por esa mirada penetrante y lasciva que la mantenía cautiva , y su voz susurrante y lujuriosa en su oído la hacía temblar de placer anhelando con desesperación una caricia abrazadora que nunca llegaba. 

La invitó a un juego de amor que auguraba sumo placer, sobre el que no tenía ningún conocimiento, para el cual no estaba preparada pero que, ante la excitación del momento ansiaba conocer. 

Así vivió un amor de sometimiento,.. de miedo... de dolor… pero con cada beso largo, profundo, desgarrador e intenso acariciando sus lenguas, mordiendo sus labios con ímpetu y extrema rudeza, decidía seguir esperando esa sensación lacerante, pero tremendamente excitante hasta que un delicado hilo de sangre brotara tenue de sus bocas, bebiéndola con fruición. 

Solo así eran transportados, por fin a un orgasmo pleno que los dejaba lasos, en calma… por fin...en paz… 

Ella se sabía muy enamorada, pero ese amor, con el paso del tiempo se volvía más intenso y violento; lastimaba tanto que dejaba sus huellas en el cuerpo y en el alma, dejándola mas sometida aún, sin voluntad ... sin criterio propio. 

La angustia y el temor la iban minando. El juego de amor era perverso, sádico, masoquista, pero, pese a lo tenebroso, muy excitante… 

¿Hasta cuando duraría?... Cuanto tiempo mas podría continuar si ella misma esperaba con ansiedad que el pusiera sus manos sobre ella… esa cinta suave y perfumada anudada a su cuello…hasta quitarle la respiración… hasta perder la conciencia...? 

Estando casi sin sentido, se daba cuenta que esta no era la luna de sus sueños ingenuos e inocentes que la ilusionaban, esa luna hermosa, plateada y luminosa que reflejaba su cara en las aguas… 

Esta luna era Phobos: oscura…  fría… rocosa… donde el miedo era cada vez mayor. 

Se estremeció y se sintió muy pequeña. 

Eloísa, Abelardo y su historia de amor.

adagio - maria isabel nozzini






Eloísa, Abelardo y su historia de amor.









Nacida en las inmediaciones del Bermejo,  con un espíritu noble y al igual que las turbias y rojizas aguas del rio, a veces se mostraba tranquila y mansa y otras  una increíble turbulencia se apoderaba de ella.

Su alma era la de una sirena fluvial que intentaba resguardarse de sentimientos amorosos que mantenía latentes en su interior sin atreverse a vivirlos, aunque cada vez que un viento cálido de primavera la envolvía ella anhelaba esa caricia que tardaba en llegar.

Era trabajadora y de una rústica belleza. 

Su sensualidad se intuía en el aroma que destilaba su piel pero que ella mantenía prisionera, amordazada dentro de su cuerpo.

Se llamaba Eloísa y siempre iba solitaria y melancólica.  Un día se quedó dormida y se vio allá, a la distancia, donde comienza el tiempo y se separa el pángeas y se forman los mares, emergiendo  de las aguas, asomando a la superficie de un salto, con sus largos cabellos que cubrían como un cálido manto su piel terrosa como las aguas del rio, cabalgando en la primera ola de la creciente, sumergiéndose en sus revueltas aguas y emergiendo con placer ante los rayos del sol...

Se vio trepando a los árboles de la ribera en las siestas amables y tranquilas...

Se vio también recogiendo las lágrimas vertidas por los sauces llorones y guardándolas dentro suyo  hasta que en las diáfanas noches de luna, cuando su tremenda soledad doliera, desbordara en llanto...

Eloísa , soñadora como era, esperaba que un día cualquiera apareciera un hombre en su vida...Su hombre...ese compañero que necesitaba para pelearle a la soledad... ese mago que hiciera  aparecer conejos y pañuelos de colores desde su galera... cazador de ilusiones... hacedor de sueños...  pero se sumaban sus años y el tiempo no se detenía nunca, al igual que las aguas del Bermejo que siempre corrían...y corrían... y corrían... hasta que un día, en uno de sus paseos por el monte, al atardecer, entonando una canción , tropezó con un hacha que marcando su ritmo, cayó a sus pies.

Sorprendida, buscó con la mirada a su alrededor y por primera vez vio a Abelardo, allí, cayendo la tarde... tumbando un ñandubay...

Abelardo era un leñador, grande, fuerte, rudo, pero al igual que ella, con el alma enredada en viejas y tortuosas historias que escondía en lo más profundo de su alma, y que le impedían decir: te quiero. Tal vez por eso o por la aislada melancolía que pintaban sus días se mostraba hosco y de una parquedad tal que asustaba a cualquiera que se le acercara..

Ella calló su canto y el dejó de hachar.

Eloísa y Abelardo, frente a frente, se miraron, se reconocieron, se sonrieron.

Él le invitó con agua fresca y el tronco del árbol recién hachado  se transformó en cómplice banco para su íntima charla en que se confiaron soledades, distancias, anhelos...

Abelardo, poco a poco fue dejando sus armaduras internas sobre el ñandubay y haciéndose cada vez más visible ante los ojos de Eloísa, encontrándose ambos en un esperanzador intento de escribir una nueva página en sus vidas.

Se miraron con alegría e incertidumbre... sin la bravura pasional de la juventud... sin esperar... nada...

Solo querían que sus órganos hablaran,  que sus sentidos despertaran, que la brasa encendida que guardaban en el pecho los incendiara....

 Se tomaron de las manos y bajo  la clara luz de la luna, desde el corazón,  se confiaron sus historias más dolorosas e íntimas y se contaron cosas que no supieron expresar con sus palabras... y  entonces, conversaron sus cuerpos... y sus pieles se erizaron... e hicieron el amor de una manera suave, afectuosa, con una mezcla de ingenuidad, de simpatía, de un  cariño recién nacido pleno de deseos controlados por el tiempo, de apetitos dominados por sus propios  y ancestrales temores...

El cuerpo... la piel.... todos sus sentidos, se encontraban...se reconocían... se abrían a sus más recónditas y escondidas emociones...

Sus almas se abrazaban en una profunda entrega total, mansa y placentera... encontrando su ritmo  único, cadencioso, musical, despojándose, lentamente, de los nudos que los ataban.

Con el alba, llegó la despedida y Abelardo, sabiendo que ambos
serian arrastrados sin piedad a sus realidades colocó en sus manos un regalo: un hermoso ñajcha para peinar sus rulos,única prueba de la existencia de este amor

Una lágrima en los  ojos  de Eloísa se confundió con las aguas del rio al comprender que Abelardo, como el fantasma que habitaba en su mente, se había manifestado ante ella tentándola con deliciosas manzanas dulces y apetitosas que su boca mordiera con placer  y, con tristeza aunque agradecida por haber sentido tan vívida e intensa  ilusión,  le dijo adiós intuyendo que jamás volvería a verlo y con gran determinación tomo una decisión de la cual sería muy difícil retornar.

Habiendo amado... había vivido... ya no tenía sentido abrir sus ojos al día siguiente...

Buscó una espina de opuntia y con ella se atravesó el corazón.

Con sus largos dedos aferraba fuertemente el ñajcha que él le obsequiara como tierno y fiel  símbolo de su amor.

Con el paso del tiempo, el canto de Eloísa se escucha, aun en nuestros días,  entrelazarse con el sonido crujiente de las hojas secas de los árboles y el viento lleva esta canción que habla de serena soledad por el poblado.

Y dicen los lugareños  que desde entonces, en las  frías y ventosas mañanas de julio...el monte llora...

Pintando con letras la injusticia

Noel Schajris - Como La Cigarra



Pintando con letras la injusticia
Intento de Chōka para reflexionar







 1

Paloma, ¡vete!

No traes en tu pico
hojas de laurel.
¿Ya no las llevas?...
Ven. Ábreme el pecho y
déjame  brotes
verdes, esperanzados

gajitos con aroma a
paz, justicia y razón

2
¿Hiciste algo?
¿Lo hice yo?... ¿Tú?... sólo
terror… y terror…
De la noche al día mi
paisito débil y
pequeñito… con miedo.
3
Las ideas no
se matan… ¡Nunca!... ¡Jamás!...
¿Será esto verdad?
¿Lo sabes tú?... Yo lo sé.
De primavera
a invierno… treinta mil
vidas se fueron.
Con mis propios ojos, yo…
¡Yo las vi pasar!
Sólo con un suspiro,
¡Ay!… desaparecieron.
4
Desconsoladas,
las hojas muertas crujen
desconociendo
primaveras y risas
condenándome
a oscuras noches de fríos
y eternos inviernos
con huellas fantasmales.

5
Aquellas almas
que anidaron en cuerpos
hoy muertos, y errantes
aún ves pasar,
son aves sin alas, sin
sol, sin voz, con frio
famélicas, áridas
buscando justicia y paz
6
¿Oyes los gritos?

Los suyos… los de aquellos …

De las profundidades

escapan como

el agua prisionera

de una sequía…

y aquel otro grito, lo

escuchas?...ese

grito es tuyo, es mío.

Son lamentos sin final…

Inaudibles clamores

que rompen el silencio

del vacío infinito.

7
¡Enviado de dios!

¡Devuélvenos sus vidas!

Yo te maldigo.

Devuélvenos los hijos,

los nietos y sus

vidas deshechas, sin luz.

¡Ya! ¡Ahora! ¡Te  lo

exige mi alma, mi ser

desfallecido !

Que el frio me congela,

¡Vil asesino!

Llenándome el alma de

profundas cicatrices…

8
Este dolor que aún
siento… ¿Es por mi culpa?...
No, pero deseo
desterrar mis odios y
de nuevo volver
a reír, a cantar, cuando
alguna primavera
me visite de nuevo.
9
Si buscas la verdad
de estos cuentos de terror
tras fríos, inaccesibles
muros cuadrados,
la ves y las soslayas,
pobrecita tu
alma ciega, gélida,
muerta, perdida
en la densa neblina
etermamente.